
Continuando con cuestionamientos esenciales sobre la educación y mirando algunas respuestas al Post anterior, creo que debemos buscar un sentido mucho más profundo para educar y educarnos.
Sin duda alguna el primer paso, es nuevamente, plantearse la siguiente pregunta: ¿Cuál es, o debería ser, el objetivo último de la educación?… ¿acaso la transmisión de conocimientos?, ¿acaso el avance de la ciencia y la tecnología?, ¿acaso el beneficio personal?… no… no lo creo…
Por mi parte he analizado esta pregunta una y otra vez en los últimos dos meses (desde que escríbí el último post) y hasta ahora me aproximo a una respuesta (por eso hasta hoy vuelvo a escribir) que espero me ayuden a construir entre todos (finalmente eso es la academia: una construcción social del conocimiento y de las ideas que se deben transformar en actos).
Como decía, la respuesta a la que me estoy aproximando se puede resumir en tres aspectos fundamentales:
1. La educación debe centrarse en permitirle al ser humano desarrollar un sentido superior de la convivencia con el otro y con el medio ambiente.
2. La educación debe permitir desarrollar el amor por los números y por la lectura.
3. La educación debe despertar la curiosidad científica y el pensamiento crítico.
En ese sentido, haciendo el símil con lo que conocemos por educación: una fábrica de la era industrial donde se tiende a la especialización de conceptos sin sentido no aplicables a la cotidianeidad, el sistema educativo se aleja profundamente de su propósito, o por lo menos del que empezaremos a plantear.
Los niños desde el primer año son adoctrinados en los números y la lectura para volverse esclavos año a año de la geografía, la historia, la ciencias, la química, etc. Sus mentes se atiborran de palabras y frases cuyo próposito no es más que el de avanzar en la escalera construida de tiempo ha, para obtener un cartón que lo certifica como letrado. Pero en nuestro afán consumista de transmitir todos los conocimientos adquiridos por la humanidad en los últimos 5.000 o 10.000 años en tan sólo 12, y si se es afortunado en 17, se nos ha olvidado lo esencial: ¡educar para la vida!
El ser humano sólo tiene que: 1. saber convivir con su prójimo (si todos supieramos convivir con el otro se alcanzaría la esquiva paz) y con el ambiente (respeto por nuestro hogar: el planeta tierra). 2: Cultivar el amor por los números y la lectura, sólo así se tendrán todas las herramienta para solucionar cualquier problema que se llegase a presentar en el futuro; y 3. desarrollar la curiosidad científica y el pensamiento crítico para lograr avanzar, siempre teniendo presente los dos aspectos anteriores.
¿Quien, sino la educación, juega un papel fundamental en definir el comportamiento de los seres humanos? Esa es la respuesta que encuentro por el momento. No necesitamos personas llenas de información desarticulada, necesitamos seres humanos, pensadores que respetan a su prójimo y a su hogar.
Ahora, la pregunta que me surge y que entraré a indagar con mayor profundidad es: ¿Cómo lograremos alcanzar, entonces, ese objetivo supremo de la educación?, ¿Cómo transformamos ese pensamiento en acción?
Espero me ayuden a construir no sólo ese objetivo superior de la educación (¿Cuál es, o debería ser, el objetivo último de la educación?), sino que también se empiecen a cuestionar sobre cómo pasar de la idea a la acción.
A.A.O.
RedEd
Red de Educación para el Cambio
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Javier: el sistema no puede ser una excusa para no llevar a la educación a recobrar su sentido verdadero: un mundo más justo donde el ser humano vive en paz consigo y con la naturaleza. La fábrica educativa (escuelas que cuelgan de un hilo, presupuestos bajos y actitudes más propias del calabozo que de centros educactivos) como todo sistema humano, verá algún día su final cuando la sociedad entienda que la única forma de evolucionar en su existencia, en este momento con una marcada tendencia materialista, es a través de la educación (evolucionar hacia una sociedad con conciencia humanista). Desde ya los esfuerzos se pueden dirigir hacia ese objetivo y los medios no nos deben impedir alcanzarlo.



















