Posteado por: reded | Enero 3, 2008

¿Educando Médicos o Educando Mediocres?

¿Educando Médicos o Educando Mediocres? Esta pregunta va mucho más allá de la medicina misma y creo que involucra, no sólo a ésta, sino a todas las profesiones.

He observado con preocupación como en los últimos años la gran mayoría de universidades ha duplicado el número de estudiantes que admite semestre a semestre, manteniendo la misma infraestructura y el mismo número de docentes, haciendo que la relación docente/estudiantes tienda vertiginosamente a 0.

Se podría pensar que esto no representa un problema mayor, siempre y cuando el fin puramente académico de la universidad no se vea afectado. Sin embargo esto resulta difícil por diferentes motivos y deriva en profesionales mal preparados que lograron sortear su carrera con un mínimo de esfuerzo. La exigencia académica es hoy por hoy casi imposible. Veamos.

En el caso específico de la medicina puedo decir que se admiten cerca de 150 estudiantes por Facultad. Las clases se dan de forma magistral para los grupos completos y las evaluaciones, lejos de evaluar, miden conceptos que dos a tres semanas después la mayoría de estudiantes olvidan.

En grupos tan grandes y con métodos de evaluación deficientes se vuelve casi imposible determinar quienes han aprendido y quienes no. Los profesores poco o nada saben del proceso del estudiante y de lo único de lo que pueden dar razón es de si aprobó o reprobó determinado examen (esto cuando recuerdan de que estudiante se está hablando).

Pero entonces, ¿por qué no aumentar el número de docentes, mejorar la infraestructura o disminuir el número de estudiantes para buscar una mejor educación?

Es sencillo: la educación superior se prostituyó de tal forma que se convirtió en un negocio bastante rentable. Se admiten muchos estudiantes, se le paga al mínimo requerido de docentes y se mantiene la infraestructura. En otras palabras, muchos ingresos y muy pocos gastos.

Pero el problema va mucho más lejos, pues muy pocas universidades se atreven a sacrificar los ingresos que perciben de los estudiantes que no están calificados y que aun así, continúan sus estudios fácilmente. Tal vez este es el problema principal. La visión enteramente centrada en los negocios de la educación superior la ha vuelto tan paternalista que el estudiante nunca es responsable de su educación. Si el estudiante hace algo malo, seguramente no se culpa al estudiante, pero de seguro si al maestro o a los métodos. Ahora, si a esto le sumamos la complicidad de la legislación amparando “el derecho a la educación”, aquellos estudiantes que fallan, copian o reprueban tantas veces como se puede imaginar, toman acciones legales contra las universidades, que, en el mejor de los casos, pierden su autonomía y tienen que graduar casi “automáticamente” a un sinnumero de profesionales mal preparados, por no utilizar otros calificativos.

El sistema de educación médica le permite al estudiante de medicina de hoy obtener un título prácticamente sin estudiar, promueve la copia, estimula la irresponsabilidad y premia la falta de ética.

Estos son sólo algunos de los problemas que hacen que los profesionales que hoy se gradúan de la universidades no conozcan el significado de palabras como la responsabilidad, el respeto, el profesionalismo, la ética de su profesión y en la gran mayoría de los casos, de profesionales que ni siquiera saben de su profesión.

La educación superior es hoy más mediocre que nunca. Pero esto es un problema que tiene su origen en múltiples factores (un buen número de ellos económicos) y quienes tienen la solución en sus manos, por lo menos inicialmente, piensan más en la cantidad que en la calidad. Para nadie es un secreto que si se tiene con que pagar la matrícula, se llegará a ser profesional (esto recobra mayor importancia en carreras muy costosas como la medicina).

No quiero que esto se entienda como una crítica a los elevados costos de las matrículas, pues soy conciente que para recibir educación de calidad se requiere hacer una inversión considerable. No obstante, esa inversión la hacen todos los estudiantes (en otros países la hace el estado), el problema es que las universidades rara vez la reinvierten en mejorar la calidad (investigación, mayor número de docentes, mejor infraestructura, entre otros) y más aun, que no están dispuestas a sacrificar esos ingresos por la exigencia académica.

Respuestas

Estoy de acuerdo. Súmele a eso que cada año en promedio se abren dos facultades de medicina en regiones que ni siquiera tienen hospitales. ¿Cómo serán los médicos que ni siquiera ven pacientes? lo peor es que esos estudiantes pagan igual que los de las mejores facultades. No entiendo como el Ministerio de Educación aprueba que se abrán esas facultades con ánimo de lucro…

De acuerdo. El país no cuenta con los médicos que necesita, peri si hay una gran cantidad de ellos mal preparados, y a los que se les olvidó la ética.
¿Qué piensan del matrimonio entre médicos y la insdustria farmacéutica?… Mucha tela para cortar

Lo felicito por su blog. Con respecto al tema definitivamente las facultades y las universidades no evolucionan al mismo tiempo que lo hacen las personas. Hay una cosa que se perdio de la enseñanza tradicional y son los valores. El mas importante la responsabilidad y otro importante que comento C.V. la etica. Una razon que le dan varios medicos a este cambio es el cambio del sistema. Que en mi concepto es una excusa. Para los investigadores en educacion valdria la pena hacer un estudio del impacto sobre la sociedad de estas nuevas formas de enseñanza. Las escuelas de negocios ya comenzaron. http://www.businessweek.com/bschools/content/dec2007/bs20071223_173004.htm

Excelente. No podría estar más de acuerdo. Justamente lo que usted menciona es uno de los principales factores que se relacionan con la que he llamado la generación MTV.

Por cierto, esto no solo pasa en las facultades de medicina. Es extensivo a toda nuestro sistema educativo: negocio por encima de la calidad o ética. Y el sistema de promoción automática: la fórmula perfecta para tener una generación de mediocres y buenos para nada: la generación MTV.

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